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ESCUDO

La representación del escudo carmelita aparece por primera vez hacia finales del siglo XV, en el 1499, en la cubierta de un libro sobre la vida de San Alberto, carmelita. Allí el símbolo gráfico aparece bajo la forma de un "vexillum" (enseña, estandarte, bandera), que luego fue modificándose en los detalles con el correr de los tiempos, hasta asumir la actual forma de escudo heráldico. No ha existido nunca una explicación oficial del mismo, aunque sí ha tenido varias interpretaciones. Aquí, a continuación, exponemos la interpretación que nos parece más adecuada a tenor de los últimos documentos de la Orden.

En el escudo elegido por nosotros encontramos cinco elementos:

Una montaña
Una montaña estilizada de color marrón, con las laderas redondeadas, y cuya cima se proyecta hacia el cielo. Se refiere al Monte Carmelo, lugar de origen de la Orden del Carmen. El Monte Carmelo se encuentra en Haifa en Israel. En el siglo noveno antes de Cristo, vivió aquí el profeta Elías. En el mismo lugar, a finales del siglo doce después de Cristo, algunos eremitas, inspirados en el profeta Elías se agruparon "para vivir en obsequio de Jesucristo" (Regla Carmelita n. 2).

Tres estrellas
Tres estrellas de seis puntas, de las cuáles, una es de plata en el centro de la montaña y las otras de oro dispuestas simétricamente en el cielo de color blanco, a la derecha e izquierda de las laderas de la montaña. La estrella inferior representa a los carmelitas todavía en camino hacia la cima del Monte Carmelo, mientras las otras dos estrellas superiores representan a los Carmelitas que han terminado su peregrinación y "han culminado la santa montaña" (Misal Carmelita, 1980, Colecta de la Misa Solemne de la B. Virgen María del Monte Carmelo).

Una corona
La corona de oro representa el Reino de Dios. Él es el Soberano supremo del Carmelo. En efecto, los Carmelitas tratan de "servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia" (Regla Carmelita n. 2) y tienen por vocación "implantar y robustecer en las almas el reino de Cristo y extenderlo por el ancho mundo" (Constituciones O.Carm., n. 5 ). Para cumplir este servicio a Dios los Carmelitas se inspiran en las figuras del profeta Elías y de la Virgen María (cf. Constituciones O.Carm., n. 25).

Un brazo con una espada de fuego y una banda con una cita bíblica
El origen eliano de la Orden está simbolizado con el brazo de Elías, teniendo una espada de fuego, y una banda con una inscripción en latín: "Zelo zelatus sum pro Domino Deo exercituum" (Ardo de celo por el Señor Dios de los ejércitos [1 Re 19,10]). El brazo y la espada muestran, también ellos, la pasión ardiente de Elías por el Absoluto de Dios, cuya "palabra ardía como antorcha" (Sir 48,1). Para los Carmelitas "Elías es el profeta solitario que cultiva la sed del único Dios y vive en su presencia" (Constituciones O.Carm., n. 26). Como él, ellos llevan "la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" (Regla Carmelita n. 19).

Doce estrellas
La índole mariana de la Orden está simbolizada en las doce estrellas que recuerdan la aparición de "una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas" (Apoc 12,1). En la Virgen María, Madre de Dios, "los Carmelitas encuentran la imagen perfecta de todo aquello que desean y esperan ser". Para ellos María es Patrona, Madre y Hermana (cf. Constituciones O.Carm. n. 27) y ellos son "los hermanos de la Beata Virgen María del Monte Carmelo" (Constituciones O.Carm., n. 6).

Símbolos añadidos
En varias Provincias de la Orden, ya desde el siglo XVII, se le adjunta al escudo una cruz en el vértice de la montaña: por ejemplo en la Provincia de Castilla en España (y los Carmelitas Descalzos desde el siglo XVII). La Provincia de Sicilia colocaba la cruz de la Tierra Santa. Otras veces se encuentra a los lados de la montaña un lirio y una palma, símbolos que representan a San Alberto de Trápani y a San Ángelo Mártir, los primeros dos santos de la Orden del Carmen.

REGLA

La norma de vida de San Alberto de Avogadro, dada a los Carmelitas entre los años de 1206 y 1214, y aprobada definitivamente como verdadera y propia Regla del Carmen por Inocencio IV en el año 1247, ha tenido algunas mitigaciones no incluídas en el texto.
La Regla Carmelita afirma que es fundamental: "vivir en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia" (n.2). Para vivir siguiendo las huellas de Jesucristo los Carmelitas se dedican más especialmente a:

• desarrollar la dimensión contemplativa del ser humano abriéndose al diálogo con Dios
• tratarse como hermanos con caridad plena
• meditar día y noche la Palabra del Señor
• orar juntos o solos muchas veces al día
• celebrar cada día la eucaristía
• trabajar con las propias manos, como el apóstol Pablo
• purificarse de toda mancha de pecado
• vivir pobremente, poniendo en común los pocos bienes
• amar la Iglesia y a todas las gentes
• conformar la propia voluntad con la de Dios buscada en la fe con diálogo y discernimiento
La Regla Carmelita es la más breve entre las Reglas conocidas, y compuesta casi exclusivamente de preceptos bíblicos. Aun hoy es rica de inspiración para la vida.

El Texto de la Regla

[1]
Alberto, llamado por la gracia de Dios a ser Patriarca de la Iglesia de Jerusalén, a los amados hijos en Cristo B. y los demás eremitas, que viven bajo su obediencia junto a la Fuente, en el Monte Carmelo, salud en el Señor y la bendición del Espíritu Santo.

[2]
Muchas veces y de diversas maneras los santos Padres dejaron establecido el modo como cada uno, sea cual fuere su estado o el género de vida religiosa que abrazó, ha de vivir en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente con corazón puro y buena conciencia.

[3]
Pero como nos pedís que os demos una fórmula de vida adecuada a vuestro proyecto común y a la que deberéis ser fieles en el futuro.

[4]
Establecemos en primer lugar que tengáis a uno de vosotros como Prior, el cual será elegido para este oficio con el consentimiento unánime de todos o de la mayor y más sana parte. A él prometerán obediencia todos los demás y se esforzarán en mantenerla de verdad con las obras, juntamente con la castidad y la renuncia a la propiedad.

[5]
Podréis fijar vuestros lugares de residencia en los desiertos, o donde quiera os lo ofrezcan adecuados y aptos para la observancia de vuestro modo de vida religiosa, según el oportuno parecer del Prior y de los hermanos.

[6]
Además, teniendo en cuenta la situación del lugar en que hayáis decidido estableceros, cada uno de vosotros tenga una celda separada, según la asignación que el Prior habrá hecho para cada uno, con consentimiento de los otros hermanos o de la parte más madura.

[7]
Hágase esto, sin embargo, de manera que toméis en refectorio común lo que os repartieren, escuchando juntos algún texto de la Sagrada Escritura, cuando esto pueda realizarse sin dificultad.

[8]
A ninguno de los hermanos le será lícito, a no ser con el permiso del Prior que entonces hubiere, el mudarse del lugar que le ha sido asignado o cambiarlo con otro.

[9]
La celda del Prior estará a la entrada del lugar donde viváis, para que sea el primero en acoger a los que acudan de fuera; y después, en todo cuanto haya de hacerse, procédase según su juicio y decisión.

[10]
Permanezca cada uno en su celda o junto a ella, meditando día y noche la ley del Señor y velando en oración, a no ser que deba dedicarse a otros justos quehaceres.

[11]
Los que saben rezar las horas canónicas con los clérigos, deben recitarlas según cuanto han establecido los santos Padres y las costumbres aprobadas por la Iglesia. Aquellos que no sepan , dirán veinticinco veces el Padrenuestro durante la oración litúrgica de la vigilia nocturna, excepto los domingos y fiestas solemnes, en los cuales establecemos que el número antedicho se duplique, de manera que el Padrenuestro se diga cincuenta veces. La misma oración se debe decir siete veces en los laudes de la mañana y en cada una de las otras horas, a excepción de las vísperas, en que se debe decir quince veces.

[12]
Ningún hermano diga que algo es suyo propio, sino que todo lo tendréis en común y a cada uno le será distribuido cuanto necesitare por mano del Prior, es decir, por el hermano por él designado para este menester, teniendo en cuenta la edad y las necesidades de cada cual.

[13]
Podréis poseer también asnos o mulos, según lo requieran vuestras necesidades, y algunos animales o aves para el sustento.

[14]
El oratorio, si se puede hacer cómodamente, construirlo en medio de las celdas y allí os reuniréis de mañana todos los días para participar en la celebración eucarística, cuando las circunstancias lo permitan.

[15]
Igualmente los días domingos, o en otros días si fuere necesario, reuníos para tratar de la observancia en la vida común y del bien espiritual de las almas. En esta ocasión corríjanse con caridad las transgresiones y culpas de los hermanos, de haberlas en alguno.

[16]
Desde la fiesta de la Exaltación de la santa Cruz hasta el domingo de la Resurrección del Señor ayunaréis todos los días, excepto los domingos; a no ser que la enfermedad o la debilidad corporal y otro justo motivo aconsejen dispensar del ayuno, pues la necesidad no tiene ley.

[17]
Absteneos de comer carne, a no ser que se deba tomar como remedio en caso de enfermedad o debilidad física. Y porque, debido a los viajes, con frecuencia tenéis que mendigar el sustento, para no ser gravosos a quien os hospeda, podréis, fuera de vuestras casas, comer alimentos preparados con carne. En caso de navegación podéis también comer la carne.

[18]
Porque la vida terrena del hombres es tiempo de tentación y todos los que quieren llevar una vida fiel a Cristo se ven sujetos a persecución, y como además el diablo vuestro adversario anda como león rugiente alrededor de vosotros, buscando a quien devorar, procurad con toda diligencia revestiros con la armadura de Dios, para que podáis resistir a las asechanzas del enemigo.

[19]
Ceñid vuestros lomos con el cíngulo de la castidad; fortaleced vuestros pechos con pensamientos santos, pues está escrito: el pensamiento santo te guardará. Revestíos la coraza de la justicia, de manera que améis al Señor vuestro Dios con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas, y a vuestro prójimo como a vosotros mismos.
Embrazad en todo momento el escudo de la fe y con él podréis apagar los encendidos dardos del maligno; pues sin fe es imposible agradar a Dios. Cubríos la cabeza con el yelmo de la salvación, de manera que sólo la esperéis del Salvador, que es quien salvará a su pueblo de sus pecados.
Finalmente, la espada del Espíritu, es decir, la palabra de Dios, habite en toda su riqueza en vuestra boca y en vuestros corazones. Y lo que debáis hacer, hacedlo conforme a la Palabra del Señor.

[20]
Debéis hacer algún trabajo, para que el diablo os encuentre siempre ocupados y no suceda que, por vuestra ociosidad, pueda infiltrarse en vuestras almas. Tenéis en esto la enseñanza y el ejemplo del apóstol San Pablo, por cuya boca habla Cristo y que ha sido constituido y dado por Dios como predicador y maestro de las gentes en la fe y en la verdad, si le seguís, no podréis equivocaros. Hemos vivido entre vosotros, dice, trabajando con fatiga noche y día para no ser gravoso a ninguno de vosotros. No porque no tuviéramos derecho a ser mantenidos, sino para daros en nosotros mismos un ejemplo que imitar. Ya estando entre vosotros repetimos con insistencia: si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque hemos oído que algunos de vosotros no trabajan y andan inquietos de acá para allá. Advertimos a esos tales y les exhortamos en el Señor Jesucristo a trabajar en sosegado silencio para ganarse el pan. Este camino es santo y bueno: seguidlo.

[21]
El Apóstol recomienda el silencio cuando ordena trabajar callando; de la misma manera el profeta afirma: el silencio favorece la justicia; y más todavía: en el sosiego y la esperanza está vuestra fuerza. Por eso establecemos que, recitadas las Completas, guardéis silencio hasta dicha la Prima del día siguiente. Fuera de este tiempo, aunque no esté prescrito una tan rigurosa guarda del silencio, evítese con cuidado el mucho hablar; porque, como está escrito y la experiencia sobradamente enseña, en el mucho hablar no faltará pecado; y quien no se controla en el hablar encuentra su ruina. Igualmente, el que es desmedido en el hablar se daña a sí mismo. Y el Señor en el Evangelio: de toda palabra superflua que hablaren los hombres darán cuenta en el día del juicio. Cada uno de vosotros, pues, sopese sus palabras, y refrene rectamente su boca, para no resbalar y caer a causa de la lengua y su caída sea incurable y mortal. Vigile sobre su conducta, para no pecar con sus palabras, como dice el profeta; y cuide atenta y prudentemente de mantener aquel silencio que favorezca la justicia.

[22]
Tú, hermano B., y quienquiera que después de ti fuere nombrado Prior, tened siempre en el pensamiento y poned en práctica lo que el Señor dice en el Evangelio: el que quiera ser el más grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, sea vuestro esclavo.

[23]
Y vosotros, hermanos, honrad humildemente a vuestro Prior, pensando, más que en su persona, en Cristo, que lo ha puesto sobre vosotros, y que ha dicho a los responsables de las iglesias: el que os escucha a vosotros a mí me escucha, y el que os rechaza a vosotros a mí me rechaza. Y no os encontraréis bajo juicio por el desprecio, sino merecedores, por la obediencia, del premio de la vida eterna.

[24]
Estas breves indicaciones os las hemos escrito con el fin de establecer para vosotros la fórmula de vida, según la cual habréis de conduciros. Si alguno está dispuesto a dar más, el Señor mismo, cuando vuelva, se lo recompensará. Hágase uso, sin embargo, del discernimiento, que es el que modera las virtudes.

ORIGEN

El carisma es un don que proviene de Dios y es dado a la Iglesia para el mundo. Puesto que a veces el don se refiere a una Orden Religiosa, se dice que tal don ha sido dado por Dios a un individuo o a un grupo, para una nueva familia religiosa en la Iglesia. Este regalo se transmite por los siglos y se enriquece por cuantos son llamados a vivirlo. El carisma de cada familia religiosa es el modo particular con el cual sus miembros son llamados a seguir a Cristo. Ya que todos los cristianos siguen a Cristo, los carismas tienen muchos elementos comunes, pero el modo con el que se presentan más relevante da a cada grupo religioso su impronta particular. La Iglesia ha invitado a todas las familias religiosas a redescubrir el propio carisma originario y de hacerlo vivo en cualquier cultura y en cualquier tiempo.

El carisma de la Orden del Carmen es el regalo de Dios dado a los primeros ermitaños reunidos junto a la fuente del Profeta Elías en el Monte Carmelo, al final del siglo XIII. La Orden del Carmen no conoce un fundador, pero ha nacido del deseo de aquellos primeros eremitas de vivir en obsequio de Jesucristo con corazón puro y recta conciencia. Ellos pidieron a San Alberto, Patriarca de Jerusalén, que les escribiera para ellos una fórmula de vida (c. 1206 - 1214) en conformidad con su ideal.

La Regla de San Alberto y la experiencia vivida por los Carmelitas, al buscar ser coherentes con ella, ha dado una forma definitiva al carisma. Podemos decir que el carisma carmelita se compone de varios elementos. El primero, y el más importante, es el seguimiento de Cristo con dedicación total. Los Carmelitas alcanzan este ideal con la formación de comunidades contemplativas al servicio del pueblo de Dios en medio del cual viven. Por tanto, para todos los Carmelitas la fraternidad, el servicio y la contemplación son los valores esenciales de sus vidas.

LA CONTEMPLACIÓN

El corazón del carisma carmelitano es la oración y la contemplación. La calidad de la oración determina la calidad de la vida comunitaria y del servicio ofrecido a los otros. La meta final de la vida carmelita es la unión con Cristo. Nosotros tratamos de vivir en la presencia de Dios y de aceptar su voluntad en nosotros. Esto nos obliga a escuchar a Dios que nos habla de varias maneras, pero de modo particular con la Sagrada Escritura. La oración es el modo con el cual nos acercamos a Dios, y al tiempo que crecemos en la amistad con Cristo, nuestra oración se convertirá cada vez más sencilla. Nuestra relación con Cristo nos transforma, nos impele a salir de la cárcel de nuestro egoísmo y a caminar hacia el amor puro por Dios y el prójimo. Somos llamados a conseguir un camino de fe, durante el cual somos purificados de todo aquello que no es Dios, a fin de que podamos revestirnos de Cristo. Hacemos lo posible por responder a la llamada de Dios, pero somos conscientes de que al final, sólo Dios puede cambiar nuestros corazones. Esto nos enseña a esperar pacientemente su venida. En el seguir a Cristo con confianza, nos sirven de inspiración los ejemplos y las virtudes de María, la Madre de Jesús, y del Profeta Elías.

Dado que el carisma se da para provecho del mundo entero, para los Carmelitas la oración y la contemplación no son cuestiones privadas entre el hombre y Dios, sino dones que se deben compartir con el mundo. Por este motivo en la Orden existe una cierta propensión por el ministerio de la oración y de la dirección espiritual. El Carmelita es consciente de que la transformación del corazón humano por parte de Dios puede estar escondida a los ojos de los hombres, pero el resultado final es muy importante para nuestro mundo. El camino de la oración es misterioso y va más allá de la razón humana. La oración nos introduce en el Misterio Ultimo.

LA FRATERNIDAD

Los Carmelitas tratan de formar comunidades donde cada uno se sienta aceptado y valorizado no por lo que pudiera ser, sino simplemente por lo que es. Este tipo de comunidad es en sí mismo un testimonio de que el amor de Cristo puede romper las barreras construídas por los hombres y permitir a personas de varias nacionalidades y culturas el vivir juntos en la paz y en la armonía. Los Carmelitas son también conscientes de formar una fraternidad internacional, presente en diversos países del mundo.

EL SERVICIO

Los ermitaños se vieron obligados a abandonar su morada en el Monte Carmelo y a establecerse en Europa. En este nuevo ambiente cambiaron su estilo de vida de ermitaños a religiosos. La diferencia principal es que los religiosos son llamados a servir al pueblo de Dios en el apostolado. Algunas Congregaciones religiosas han sido fundadas para un apostolado específico, pero la Orden del Carmen busca de responder a las necesidades de la Iglesia y del mundo según el tiempo y el lugar. Por este motivo muchos Carmelitas se dedican a las parroquias, escuelas, universidades, centros de retiros espirituales, cárceles, hospitales, etc. El servicio prestado por cada religioso depende de las necesidades de las gentes en medio de las cuales viven y trabajan.